EFECTO DEL ACETATO DE BUSERELINA Y LECIRELINA SOBRE LOS NIVELES DE TESTOSTERONA Y CALIDAD
SEMINAL DE TOROS, TUNSHI-ESPOCH
limitaciones nutricionales, condiciones que pueden afectar directamente la espermatogénesis y
comprometer la calidad seminal (2), y es precisamente esa realidad la que genera la necesidad de
explorar estrategias que contribuyan a mejorar la función reproductiva de estos animales, como
el uso de análogos de GnRH entre los que se encuentran la buserelina y la lecirelina, compuestos
que podrían favorecer la regulación hormonal y optimizar los parámetros seminales en machos
reproductores, convirtiendo así la evaluación seminal en uno de los pilares fundamentales dentro
de cualquier programa serio de producción bovina (3).
La calidad seminal no es algo que se mantenga fijo en el tiempo sino que puede cambiar bastante
dependiendo de una serie de factores que tienen que ver tanto con el propio animal como con el
entorno en el que vive y se desarrolla, y entre esos factores la edad, la genética, la alimentación,
el estado de salud y las condiciones climáticas son los que con mayor frecuencia generan
variaciones en la producción o en la funcionalidad de los espermatozoides, porque cuando alguno
de ellos se ve alterado es bastante común que la espermatogénesis o la actividad hormonal del
toro respondan de alguna manera, y esa respuesta casi siempre termina reflejándose en una caída
del desempeño reproductivo, algo que distintas investigaciones sobre fisiología reproductiva
bovina han documentado con suficiente evidencia como para tomarlo muy en serio (4).
La reproducción en el toro depende de un sistema hormonal que funciona como una cadena,
donde cada parte le indica a la siguiente lo que tiene que hacer, y todo empieza en el hipotálamo,
que libera GnRH para avisarle a la hipófisis que es momento de actuar, entonces la hipófisis
responde produciendo LH y FSH, dos hormonas que viajan hasta los testículos con tareas bien
definidas, porque mientras la LH se encarga de estimular la producción de testosterona, la FSH
trabaja directamente sobre las células responsables de formar y madurar los espermatozoides, y
lo que hace tan importante a este sistema es precisamente su interdependencia, ya que si algo
falla en cualquiera de esos puntos, aunque sea de forma leve, las consecuencias sobre la fertilidad
del animal pueden ser bastante más serias de lo que parecen a simple vista (5).
De todas las hormonas que participan en la fisiología reproductiva del toro, la testosterona es
probablemente la más conocida y también la más importante, y no es casualidad, pues su
influencia abarca desde el desarrollo y mantenimiento de los órganos reproductivos hasta la
regulación de la espermatogénesis y la expresión del comportamiento sexual del animal, esta
hormona es producida principalmente por las células de Leydig en respuesta a la estimulación de
la LH, y diversos estudios han mostrado que mantener niveles adecuados de testosterona no es
opcional sino necesario para que la producción espermática funcione de manera eficiente y para
que el toro conserve una capacidad reproductiva real a lo largo de su vida productiva (6).
En los últimos años ha crecido el interés por explorar los tratamientos hormonales como una
alternativa para mejorar la función reproductiva en animales de producción, y dentro de ese
grupo los análogos de la GnRH han llamado especialmente la atención porque tienen la capacidad
de estimular la liberación de gonadotropinas desde la hipófisis, lo que genera cambios concretos
en la actividad endocrina del animal y puede traducirse en mejoras sobre su desempeño
reproductivo, aunque hasta ahora su uso más documentado ha sido en hembras, particularmente
en protocolos de sincronización del celo y control de la ovulación en bovinos, mientras que su
aplicación en machos sigue siendo un campo con bastante potencial por explorar (7).
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