EVALUACIÓN DEL CRECIMEINTO DEL MAIZ (ZEA MAYS L.) MEDIANTE LA APLICACIÓN DE MICORRIZAS Y ÁCIDOS
HÚMICOS EN CONDICIONES AMAZÓNICAS
Sin embargo, pese a su importancia, la productividad del cultivo en la región amazónica
ecuatoriana se encuentra limitada por factores edáficos y ambientales que condicionan su
desarrollo. Entre estos destacan el bajo contenido de materia orgánica, la elevada acidez del
suelo, la escasa disponibilidad de nutrientes esenciales y la reducida actividad microbiana,
características propias de suelos altamente meteorizados y lixiviados (2,3,4). Estas condiciones se
ven agravadas por prácticas agrícolas inadecuadas, la deforestación y el uso intensivo del suelo,
lo que contribuye a la degradación progresiva de sus propiedades físicas, químicas y biológicas
(3,5,6).
En la provincia de Orellana, ubicada en la Amazonía norte del Ecuador, se han desarrollado
sistemas agrícolas asociados a costumbres o sistemas tradicionales manejados como chacras
diversificadas y sistemas agroforestales en asociación con cultivos como yuca y plátano
particularmente en comunidades indígenas que han ido adaptando los cultivos como el maíz a las
condiciones climáticas de bosque tropical húmedo, esta forma de cultivar productos en la zona
han permitido que se mantenga el equilibrio del ecosistema y las limitaciones del entorno no sea
una limitante al momento del establecimiento de los cultivos, no obstante es notorio el aumento
en la demanda de consumo de alimentos y por ende la implementación de prácticas más
intensivas en torno a la producción han sido requeridas sin embargo, esto ha generado presión
en los recursos edáficos de la zona lo cual ha demostrado que es necesaria la implementación de
estrategias más sostenibles que permitan mejorar la calidad y fertilidad del suelo y por ende la
mejora en la producción de los cultivos volviéndose una prioridad dentro del uso eficiente de los
recursos naturales en la región (7).
Dentro de estas alternativas, el uso de bioinsumos ha cobrado relevancia como una estrategia
agroecológica orientada a mejorar la nutrición vegetal y la calidad del suelo mediante el
aprovechamiento de procesos biológicos naturales (8). Las micorrizas arbusculares, en particular,
han sido ampliamente estudiadas por su capacidad de establecer asociaciones simbióticas con las
raíces de las plantas, incrementando la superficie de absorción y facilitando la captación de
nutrientes poco móviles, como el fósforo, además de mejorar la tolerancia a condiciones de estrés
hídrico y nutricional (9,10,11). Por otro lado, los ácidos húmicos, que constituyen una fracción
estable de la materia orgánica del suelo, desempeñan un papel fundamental en la mejora de la
estructura del suelo, el aumento de la capacidad de intercambio catiónico y la estimulación de la
actividad microbiológica, actuando además como bioestimulantes que promueven el crecimiento
radicular y la absorción de nutrientes (12,13,14). Diversas investigaciones han evidenciado que la
aplicación de estos compuestos puede influir positivamente en el desarrollo de los cultivos,
especialmente en suelos degradados o de baja fertilidad.
Más aún, estudios recientes han señalado que la combinación de micorrizas arbusculares y
sustancias húmicas puede generar efectos sinérgicos que potencian el crecimiento vegetal, la
eficiencia en el uso de nutrientes y la actividad biológica del suelo (12,15,16). Este efecto
combinado se debe a la interacción entre los mecanismos de acción de ambos bioinsumos, donde
las micorrizas facilitan la absorción de nutrientes y los ácidos húmicos mejoran su disponibilidad
y movilidad en el suelo, creando condiciones más favorables para el desarrollo vegetal. A pesar
de estos avances, aún existe limitada información sobre el comportamiento de estas tecnologías
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