DESARROLLO DE ADSORBENTES SOSTENIBLES A PARTIR DE RESIDUOS AGROINDUSTRIALES PARA LA REMOCIÓN DE
CONTAMINANTES EMERGENTES EN AGUAS RESIDUALES: REVISIÓN SISTEMÁTICA
Numerosos estudios realizados a nivel mundial evidencian que las plantas convencionales de
tratamiento de aguas residuales, cuya finalidad principal es la eliminación de materia orgánica
y de nutrientes, no son capaces de eliminar completamente este tipo de sustancias,
obteniéndose unas eficiencias medias de eliminación de solamente el 48 % hasta el 77 % en
determinados grupos de antibióticos (3). Como resultado de lo anterior, los contaminantes
emergentes son vertidos de manera indefinida hacia ríos, lagos y acuíferos, tal y como sucede
en la resistencia antimicrobiana, en la disrupción endocrina para los organismos acuáticos y
en los peligros que todavía no son cuantificables e identificables para la salud humana (4), (5).
Como respuesta a esta problemática se ha puesto en práctica múltiples tecnologías con
carácter de tratamiento avanzado (procesos de oxidación avanzada, filtración por
membranas, ósmosis inversa, fotocatálisis, adsorción…), cada una con sus ventajas y
desventajas concretas. La adsorción ha llegado a ser una de las opciones más prometedoras
debido a su sencilla operatividad, bajo coste relativo, alta eficiencia y facilidad de escalado en
contraposición a tecnologías de altos costes energéticos o generadoras de subproductos
tóxicos (6) (7). Sin embargo, la utilización de carbón activado comercial en forma de
adsorbente de referencia entraña costes en la producción y regeneración elevados, lo que ha
generado un interés por encontrar materiales alternativos y renovables de coste reducido.
En este sentido, los residuos agroindustriales (cáscaras de frutas, cascarillas de cereales,
bagazos, semillas, pulpas y subproductos agroindustriales de café, cacao, banano, arroz, caña
de azúcar) han despertado un interés especial como materia prima para un biosorbente y un
biocarbono (1), (8). Estos materiales, que son generados anualmente en volúmenes de
millones de toneladas y que son incinerados o dispuestos de forma inadecuada en muchos
países, poseen una composición rica en celulosa, hemicelulosa, lignina y grupos funcionales
superficiales (hidroxilo, carboxilo, carbonilo) capaces de interaccionar con distintas familias
de contaminantes a través de mecanismos de intercambio iónico, complejación superficial,
interacciones electrostáticas y enlaces de hidrógeno (9), (2).
Su uso como adsorbentes puede suponer, además de una solución de bajo coste para el
tratamiento de aguas residuales, una alternativa para hacer frente al problema ambiental que
la disposición inadecuada de estos residuos produce, alineándose con el Objetivo de
Desarrollo Sostenible (10) relativo a la producción y al consumo responsables y la economía
circular o el concepto de «de residuo a riqueza» (11), (12). A nivel específico, la evidencia
científica ha registrado el potencial de los residuos agroindustriales para la eliminación de al
menos cuatro grandes familias de contaminantes. En primer lugar, para la eliminación de
metales pesados (Pb, Cd, Cr, Ni, Cu, Zn), biosorbentes procedentes de cáscara de café, cacao,
semillas de melón, tallos de plantas y otros residuos fibrosos han mostrado capacidades de
adsorción competitivas frente a los materiales comerciales, en particular tras procesos de
modificación ácida, alcalina o mixta (10), (13), (14).
En segundo lugar, para la eliminación de colorantes textiles, distintas revisiones sistemáticas
han documentado que biocarbones procedentes de cáscaras de banano, bagazo de caña y
cascara de arroz obtienen eficiencias de eliminación superiores al 85 % bajo condiciones
óptimas de pH y dosificación (1), (9). Por último, en relación con los fármacos y los antibióticos,
se ha verificado que biocarbones obtenidos por medio de fibra de palma de aceite, cascarilla
de arroz y de otros subproductos agrícolas pueden adsorber hasta 612 mg/g para azitromicina
y 600 mg/g para eritromicina, evidenciando eficiencias de remoción superiores al 95 % en
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