DETERMINACIÓNDEPANCREATITISSUBCLÍNICADIAGNOSTICADOS MEDIANTE LA PRUEBA SNAP CPL Y ECOGRAFÍA EN CANINOS
representa el 30% de los casos con alteraciones pancreáticas confirmadas. Asimismo, se
observaron diagnósticos alternativos como insuficiencia renal (15%), giardiasis (10%), presencia
de parásitos (10%), y gastroenteritis aguda asociada a pancreatitis (10%).
DISCUSIÓN
Este estudio describe los hallazgos de dos herramientas diagnósticas en dos grupos distintos de
perros con signos digestivos o abdominales. El resultado principal es de carácter metodológico:
los grupos no son comparables. En el grupo evaluado con SNAP cPL todos los perros vomitaron,
frente al 40 % del grupo evaluado con ecografía, y además tuvieron menor peso y un inicio más
tardío de los signos (Tablas 5, 7 y 8). Por lo tanto, las diferencias en la proporción de casos
compatibles con pancreatitis entre ambos grupos (10 % frente a 35 % o 40 %) no pueden
atribuirse al rendimiento de cada prueba, sino que pueden reflejar la manera en que se eligió a
los pacientes para cada una.
El cuadro clínico hallado, con predominio de dolor abdominal, vómito e inapetencia, coincide con
la presentación descrita en las revisiones sobre pancreatitis aguda canina (1,2). Estos signos son
poco específicos, y en ambos grupos se identificaron enfermedades distintas de la pancreatitis,
como piometra, gastroenteritis, obstrucción intestinal, insuficiencia renal, parasitosis y neoplasia
(Tablas 17 y 20). Este resultado refuerza que la sospecha clínica debe apoyarse en pruebas
complementarias y en el diagnóstico diferencial, como señalan otros estudios que relacionan la
historia clínica con la lipasa sérica y con los hallazgos ecográficos (5). Un diagnóstico oportuno es
relevante porque existen recomendaciones de manejo terapéutico basadas en la evidencia (20).
En el grupo evaluado con ecografía, solo 2 de 20 perros (10 %) recibieron un diagnóstico
presuntivo de pancreatitis, y la mayoría de los hallazgos correspondió a otras afecciones
abdominales. Esto es consistente con el papel de la ecografía como herramienta de exploración
inicial que permite identificar enfermedades concurrentes o alternativas, descrito para la
pancreatitis aguda (10,11). Sin embargo, este estudio no midió la sensibilidad ni la especificidad
de la ecografía; el rendimiento diagnóstico de la ecografía, y su dependencia del operador, no
pueden contrastarse con estos datos.
En el grupo evaluado con SNAP cPL, 7 de 20 perros (35 %) fueron positivos. El IC 95 % es amplio
(15,4–59,2 %) por el tamaño de la muestra, y esta cifra describe a pacientes con signos clínicos,
por lo que no equivale a la prevalencia en la población canina. La distribución de las
concentraciones fue muy asimétrica, con una mediana de 200,5 ng/mL, en el límite inferior del
rango sospechoso, y valores máximos de hasta 1286,1 ng/mL. Esto indica que informar solo el
promedio puede sobreestimar la magnitud del hallazgo. La literatura ha comparado distintas
pruebas de lipasa pancreática (7), pero este estudio no evaluó la sensibilidad ni la especificidad
del SNAP cPL. Además, un perro del grupo T1 tenía síndrome de Cushing; los ensayos de lipasa se
han evaluado en perros con hipercortisolismo (21), lo que recuerda que las enfermedades
concomitantes pueden condicionar la interpretación de estas pruebas. En nuestro grupo, la
coexistencia de diagnósticos como insuficiencia renal y parasitosis refuerza la necesidad de
interpretar el resultado junto con la clínica y la imagen.
604